Jueves Santo, día en el que desfila la procesión del Santísimo Cristo del Refugio, es un día en el que la emoción nazarena inunda sin cesar las calles de Murcia. Desde bien temprano, la visión de nazarenos, vestidos de morado, es un anticipo de lo que sucederá en la mañana del Viernes Santo, día en el que los desfiles procesionales de la Semana Santa murciana acaparan la máxima atención, con la salida a la calle de una serie de imágenes del alabado escultor Francisco Salzillo, aunque otras muchas obras suyas puedan contemplarse en los diversos y variados desfiles procesionales.
Por eso, puede afirmarse que la procesión del Viernes Santo viene a ser la continuación de otros desfiles precedentes, emocionantes y piadosos, y, todavía, el punto de arranque para otros, cargados de significado, de atento silencio y piadoso respeto, que continuarán hasta la mañana del domingo. El desfile de la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio, en la noche del Jueves Santo, es de esos que encoge en alma, por el fervor que transmite.
Hablamos de una cofradía cuya fecha fundacional data del día 15 de noviembre 1942. Con tanta aparente necesidad surgió que, pocos meses después, el Jueves Santo 22 de abril de 1943, salió por primera vez la que se llamaría Procesión del Silencio.
La imagen titular era una talla hermosísima de Cristo, que había quedado colgado en la sacristía de la parroquia de San Lorenzo, tras la destrucción interna que sufrieron otras imágenes y enseres en este templo, que había sido convertido en residencia de refugiados durante la Guerra Civil española. Se cuenta que este Cristo ocupaba este lugar desde que, en el año 1551, todas las imágenes que hasta aquel entonces existían en la capilla de Santa Quiteria pasaron a formar parte de la iconografía de la iglesia de San Lorenzo.
Tampoco los refugiados en el templo destruyeron esta imagen, acaso porque invitaba, con sus brazos abiertos, a permanecer junto a Él. Y se cuenta también que, con ocasión de una tormenta horrorosa que hizo retumbar las bóvedas del templo, que amenazaba con su destrucción y con peligro de sepultar a sus accidentales moradores, cayeron de rodillas ante aquella imagen pidiéndole clemencia.
Superada la contienda, el hallazgo de esta escultura intacta causó gran asombro en Murcia. Un grupo de feligreses de la parroquia de San Lorenzo, que fueron don Ramón Sánchez-Parra García, don Enrique Ayuso Serrano, don Jesús López Pujol y el párroco, don Manuel Nadal, animados por el Obispo de aquella época, don Miguel de los Santos Díaz y Gomara, decidieron fundar la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio.
El nombre asignado a la imagen es, como se comprende, una evidente alusión a la función que el templo había desempeñado. Únicamente desfila un trono, con la imagen del Santísimo Cristo, de autor desconocido, aunque con datos claros que sitúan su realización en el siglo XVII, pero con caracteres más antiguos.
Se trata de un Cristo grande que comenzó a venerarse en la capilla de Santa Quiteria. El trono que portan 32 estantes fue realizado en 1945, por Vicente Segura, artista valenciano posteriormente instaló un taller en Murcia-, siguiendo el diseño de Joaquín Carlos Dicenta Villaplana, diseñador también de los escapularios de la cofradía, del altar de la capilla del Cristo y de la Cruz Guía. Participó, asimismo, en los Vía Crucis que se incorporaron a la cofradía en el año 1954. El trono fue restaurado en 1989 por Virginia Pagan López-Higuera.
Y en el año 2000 se hizo una estructura nueva por la empresa murciana Fundirmetal. Es de metal bañado en plata y oro con aplicaciones de bronce. Las cuatro esquinas achaflanadas representan en relieve cuatro escenas de la Pasión del Señor con luz indirecta y otros cuatro escudos en bronce que son los de la cofradía, de la parroquia de San Lorenzo, el del Obispado y el de nuestra ciudad de Murcia, que adornan los centros de las cuatro bandas y en el centro el escudo de la cofradía. Su peso es de unos 1.000 kilos.
Los estantes que lo portan reciben los avisos a toque de una campana, que regaló la Cofradía de Jesús el Rico de Málaga al anterior hermano mayor. Este método de dirigir los desfiles fue pionero en la Semana Santa de Murcia, pues es la primera campana que se instaló -en 1955- en un trono, sustituyendo al timbre. La cruz en la que Cristo está clavado es de ciprés y fue donada a la cofradía por don José Alegría, autor del himno al Santísimo Cristo del Refugio, en 1942. Esta llamada Procesión del Silencio salía a las doce de la noche del Jueves Santo, hasta que en 1958 el horario se adelantó a la diez, porque muchos de sus cofrades también participaban en el desfile del Viernes Santo, en la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y, prácticamente, entre la hora que finalizaba una y la que comenzaba la otra, apenas les quedaba tiempo para el descanso.
Por ello, en 1958 se adelantó el horario, pero también se redujo el prolongado itinerario. Al toque de esa campana de metal se inicia la procesión, que transcurre continuamente por calles estrechas y amplias avenidas, en medio de una oscuridad, sólo quebrada por las velas que portan los cofrades y manólas, y con un impresionante silencio, interrumpido solamente por las voces de las masas corales que en puntos estratégicos por donde asoma el Cristo del Refugio interpretan piezas religiosas, propias del espíritu doloroso del Jueves Santo, y que ya se escuchan cuando la imagen del Cristo del Refugio abandona la parroquia de San Lorenzo.
El Orfeón Fernández Caballero, la Coral Universitaria, Campanas de Auroros de distintas pedanías, Coros de San Antolín... son, entre otros, los que transmiten en esa noche silenciosa su canto piadoso y de alivio al dolor de Cristo.Y en ese silencio generalizado se funden, con más razón y sentimiento que cualquier otra persona, los propios nazarenos, penitentes y estantes, obligados a no decir una palabra desde que se colocan la vestimenta nazarena, en el interior de sus domicilios, hasta su vuelta, con el rostro cubierto y en el mayor anonimato.
El regreso del Santísimo Cristo del Refugio a su templo de San Lorenzo se produce en medio de otra estampa muy emocionante: los penitentes se ponen de rodillas en el último tramo del recorrido, mientras el trono con la imagen avanza hacia la iglesia. Es quizá uno de los más bellos detalles de sumisa creencia en sus valores religiosos y de acatamiento a la voluntad divina que permitió la crucifixión de Jesús.
En ese ambiente de recogimiento general, provocado en parte por el apagado de las luces callejeras, participan de forma voluntaria los comercios, que también se comprometen a mantener a oscuras sus escaparates mientras transcurre tan emotiva procesión, una de las más austeras de las que se viven en la capital.
Parece imposible que quien contemple el paso de Cristo, en medio de ese ambiente tan singular, no viva la emoción de la fe Además, unos monaguillos desfilan entre los cofrades llevando los símbolos de la Pasión. También pueden contemplarse unos faroles, únicos, pintados por reconocidos artistas murcianos, que con una interpretación muy personal han estampado las escenas propias del Vía Crucis. Al margen de esta Procesión del Silencio, la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio organiza y celebra otros acontecimientos a lo largo del año: El 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz, celebra una eucaristía solemne en honor de su titular; el Viernes Santo, a las cinco y media de la tarde, besapié al Santísimo Cristo del Refugio; el 30 de abril participa en la colocación y recorrido de las Cruces de Mayo; en días precedentes a la Semana Santa, celebración de un quinario, en honor del Cristo del Refugio... También presenta su revista denominada Silencio, participa en una ofrenda a la Patrona de Murcia, Virgen de la Fuensanta, durante la procesión en la semana de las Fiestas de Primavera, a su paso por la puerta de la iglesia de San Lorenzo.
El primer sábado del mes de mayo celebra misa huertana, en honor del Cristo, en la que participa la peña huertana El Zarangollo. En el mes de junio toma parte en la Procesión del Corpus, junto a las demás cofradías pasionarias. El 15 de noviembre se celebra el aniversario de la fundación de la cofradía, con una misa en memoria de todos los cofrades difuntos. El 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, se realiza una ofrenda floral a la Virgen. Y todos los primeros jueves de mes, durante todo el año, a excepción del mes de agosto, a las siete y media de la tarde, se celebra en la sede canónica de la cofradía otra misa en memoria de todos los cofrades difuntos.



