Los caramelos
Decía que en el buche, seno o, dicho en murciano, “sená”, que forma la túnica al recogerla en la cintura, el nazareno porta caramelos, especialmente, algunos otros comestibles, como huevos duros, monas de Pascua, pequeños bocadillos o habas frescas, que en Murcia se comen sin cocer, amén de estampas de los pasos, medallitas, escudos de la cofradía y obsequios varios que entrega al público.
La entrega de caramelos y otros obsequios no es exclusiva de Murcia, pero en Murcia adquiere un protagonismo inusitado, incluso excesivo, en ocasiones. El origen de esta entrega de caramelos y demás obsequios al público debemos buscarlo, según los estudiosos, en aquellas ofrendas penitenciales que los nazarenos realizaban para expiación de sus pecados. A lo que hay que sumar la circunstancia de que muchos de ellos, sobre todo los portadores de los pasos, procedían de la huerta que circunda la ciudad, y como pasaban muchas horas fuera de sus casas y eran gente de pocos recursos y bastantes estrecheces, traían consigo su comida o cena para reponer fuerzas, viandas que acabaron compartiendo con los espectadores, lo que constituye, en definitiva, una hermosa tradición, un signo del compartir entre cofrades y espectadores y una expresión de la generosidad de la tierra murciana y de quienes la habitan.
Debe advertirse, no obstante, que no todas las procesiones murcianas son iguales a este respecto. Las hay de corte clásico, con entrega de caramelos y otros obsequios y en las que los cofrades lucen, en mayor o menor medida, la túnica que entremezcla ingredientes barrocos y huertanos, y las hay, también, que prescinden de esos elementos y apuestan por el recogimiento y la sobriedad.
A este respecto, el Cabildo Superior de Cofradías, organismo compuesto por los representantes de las 15 cofradías de Semana Santa existentes en la ciudad en la actualidad, cuenta con 10 hermandades cuyos elementos estéticos y puesta en escena están basados en la tradición murciana, y otras cinco, nacidas todas después de la Guerra Civil, con un corte más sobrio y una mayor acentuación del carácter penitencial.
El calendario de procesiones se inicia el Viernes de Dolores y concluye el Domingo de Pascua, sin que haya en la actualidad jornada alguna en la que se interrumpa el discurrir de pasos y nazarenos por las calles de la ciudad. Pero en esa nómina cofrade deben ser incluidos también los vía crucis organizados por algunas cofradías, los traslados procesionales de diversas imágenes, de unas iglesias a otras y, desde luego, la convocatoria, otra peculiaridad digna de ser mencionada en este trabajo.
La convocatoria consiste, básicamente, en un anuncio de la procesión, que tiene lugar, por lo general, durante la mañana del día anterior al desfile penitente. Un grupo de cofrades y de músicos recorren las calles y visitan, según las cofradías, a sus miembros, a los organismos oficiales o al resto de las hermandades, en sus respectivas sedes. Este curioso pasacalles, a ritmo de alegres pasodobles, unas veces, o de marchas pasionarias, en los momentos que precisan de cierta solemnidad, contribuye, durante buena parte de las mañanas de la Semana Mayor, a crear el ambiente propicio para que los nazarenos salgan más tarde a llevar la Pasión ante los ojos de propios y forasteros.