La Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo fue fundada el 11 de abril de 1411, durante las predicaciones que realizó San Vicente Ferrer en la ciudad de Murcia, y como consecuencia de ellas, durante el obispado de D. Pablo de Santa María. 


En su origen tuvo como sede la iglesia de Santa Eulalia, la "Santa Olalla de los catalanes", tal como figura en los documentos de fundación, pues recordemos que por la puerta de Santa Eulalia, de Santa Olalla o de Las Siete Puertas, fue por donde Jaime I entró en la ciudad de Murcia tras su rendición a las tropas aragonesas el 13 de febrero de 1266, quedando la mezquita cercana para el culto cristiano de los catalanes que ocuparon la ciudad. 


Al parecer, su primer titular fue un Cristo crucificado, con el nombre del Amparo o de la Esperanza, que mereció fama de milagroso, lo que dio lugar a la construcción de un hospital bajo su advocación. Muy posiblemente se tratara del llamado hospital de Santa Brígida, cuya fundación y dirección eran de carácter particular. Estaba situado en la calle San Antonio, en la estrechura que esta calle tiene en la intersección con la calle Rambla actual (antigua calle Rambla del Cuerno). Este establecimiento existió desde principios del siglo XVI hasta 1530. 


En 1555, la sede de la archicofradía se trasladó de Santa Eulalia a la cercana iglesia del convento de La Trinidad, que ocupaba el solar donde hoy se encuentra el Museo de Bellas Artes en la calle Obispo Frutos. 


Sólo permaneció allí hasta el año 1589, momento en que pasó a estar ubicada en el convento de Carmelitas Calzados del partido de San Benito, actual Barrio del Carmen, donde permanece hasta nuestros días, si bien en los comienzos del siglo XVIII, con motivo de unos pleitos mantenidos con la comunidad carmelita, se trasladó durante unos años a los conventos de la Trinidad, la Merced y San Antonio. 


La Cofradía de La Sangre inicialmente fue una agrupación de fieles que periódicamente recorría la ciudad haciendo estaciones de penitencia, figurando en el cortejo disciplinantes, aspados y encenizados que hacían confesión de sus pecados y pública penitencia. Esta costumbre se mantuvo hasta el reinado de Carlos II, según documentos existentes en la archicofradía. 


Con el transcurso del tiempo, el carácter procesional fue variando, desapareciendo lentamente los nazarenos flagelantes, a la vez que se fueron añadiendo lo que hoy llamamos "pasos", compuestos por tallas escultóricas y portados a hombros, de entre los que podemos citar como más antiguas las advocaciones de Nuestra Señora de la Soledad y La Negación de San Pedro. 


El principal hecho histórico que propició el cambio de mentalidad en cuanto a la organización y el carácter de la cofradía fue la reglamentación impuesta por el Concilio de Trento (1541-1563) a este tipo de asociaciones de fieles, que hasta aquel momento se formaban en torno a una parroquia o convento, mediante acuerdos bilaterales entre las comunidades de religiosos y los miembros de las cofradías. Desde Trento, para tener carácter jurídico-eclesiástico, es necesario que cada cofradía tenga unas constituciones aprobadas por el Obispo de la Diócesis, independientemente de los acuerdos (concordias) que pudieran tenerse con los frailes, monjas o párrocos donde radicara la asociación. 


Las primeras constituciones de la cofradía fueron aprobadas el 29 de noviembre de 1603, siendo Obispo de la Diócesis de Cartagena D. Alonso Coloma.


En cuanto a la indumentaria, en las constituciones de 1625 se establece que las túnicas serán completamente negras, incluso el pendón mayor, y curiosamente se prohibe la presencia del color rojo. Es ya en el siglo XVIII cuando el "colorao" pasa a ser el distintivo de la cofradía.


Inicialmente, el desfile procesional se realizaba el Viernes Santo por la noche (así se refleja en las constituciones de 1625), pasando a efectuarse el Jueves Santo desde bien avanzada la mitad del siglo XVII hasta 1689, momento en que se determina el Miércoles Santo para la salida de la procesión, tras un pleito con la Cofradía de Jesús por coincidencia de la fecha en que procesionaban ambas. Desde entonces se mantiene hasta hoy el miércoles para ofrecer a pública veneración la imagen del titular, el Santísimo Cristo de la Sangre. 

Pasos

  1. -La Samaritana

  2. -Jesús en casa de Lázaro

  3. -El Lavatorio

  4. -La Negación

  5. -El Pretorio

  6. -Las Hijas de Jerusalem

  7. -Cristo de las Penas

  8. -Santísimo Cristo de la Sangre

  9. -San Juan

  10. -La Dolorosa


Pasos de la Procesión de la Soledad

  1. -Santísimo Cristo de la Humillación

  2. -Nuestra Señora de la Soledad


Detalles de los pasos

  1. - En este enlace


Página Web

  1. - www.coloraos.com

Esta advocación procede de la incorporación, a La Sangre, de la Cofradía de Labradores del partido de San Benito a finales del siglo XVII. Y sabemos por los archivos de la archicofradía, que la propiedad de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad era de Joaquín Melgarejo. Esta talla fue sustituida por la que en la última década del siglo XVII realizó Nicolás de Bussy, según consta en las declaraciones de los pleitos que siguió la archicofradía contra el convento Carmelita en la primera década del siglo XVIII. 


Estos pleitos se centraban fundamentalmente en la propiedad de las imágenes, ya que hasta la incorporación de la talla de Bussy del Cristo de la Sangre desfilaba un Ecce Homo llamado el Cristo de las Penas, que sí era de los carmelitas, pretendiendo éstos que el resto de imágenes también lo eran. 


La tirantez con la comunidad religiosa debió existir al menos desde 1689, ya que en las constituciones de ese año se dice expresamente que el titular de la cofradía no es el Cristo de las Penas, sino el Cristo de la Sangre que se le había encargado a D. Nicolás de Bussy y del que sólo se tenía en esos momentos unos dibujos.


Entre el patrimonio actual de la archicofradía, independientemente de las magníficas tallas de Nicolás de Bussy (Cristo de la Sangre, Negación de San Pedro y Pretorio. Siglo XVII), Roque López (Dolorosa y Samaritana. Siglo XVIII), Juan Dorado (San Juan. Siglo XX), Juan González Moreno (Lavatorio e Hijas de Jerusalem. Siglo XX), José Hernández Navarro (Cristo de las Penas y Jesús en Casa de Lázaro. Siglo XX), José Sánchez Lozano, Gregorio Molerá, etc., que se pueden admirar en el museo de la archicofradía, tiene especial trascendencia por su extraordinario valor el Lignum Crucis donado a la archicofradía por el Obispo de Ascoli en 1952.

Real, Muy Ilustre, Venerable y Antiquísima Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Reliquia que se guarda junto al Cristo de la Sangre y es ofrecida a pública veneración una vez al año, coincidiendo con el último día del quinario que la archicofradía realiza en Cuaresma. 


El hecho de ser la más antigua cofradía de la ciudad de Murcia, unido a la enorme tradición y fervor religiosos que atesora entre los murcianos, y a la importancia y significación de su patrimonio, propició que el Sr. Obispo de la Diócesis, D. Ramón Sanahu-ja y Mareé, le concediera el título de archicofradía en 1953. 


No se puede entender hoy la Procesión de la Sangre sin el Barrio del Carmen. "El Barrio", como castizamente lo nombran los "murcianos viejos", es al Carmen, como el Carmen es a los "coloraos", estableciéndose una relación biunívoca a tres bandas tan férreamente consolidada que resulta difícil de explicar, pero muy fácil de sentir para los carmelitanos. Tras la entrega de la ciudad de Murcia al rey de Castilla Fernando III el Santo en 1243, y la toma de posesión realizada por su hijo el infante D. Alfonso, éste realizó en varias ocasiones lo que llamaba "repartimientos", en virtud de los cuales se entregaban en propiedad tierras y predios a los nuevos pobladores castellanos, aragoneses y catalanes. Según estos repartimientos, había un terreno franco "extramuros de la ciudad" y "allende del río", entre los parajes de Rabad-alchadid y Al-hirilla (Alharilla o Alhariella), junto a cuya acequia había una mezquita del mismo nombre. 


A mediados del siglo XIII, todo lo que hoy es Barrio del Carmen no era más que tierras de labor, con muy escasas viviendas y expuestas a las avenidas del río Segura. Este terreno franco dio lugar, a mediados del siglo XV, a un pleito por su propiedad entre el Obispo Comontes y el Concejo de Murcia. Por fin, el Sr. Obispo cedió la propiedad a la ciudad (1 de agosto de 1451), con la condición de que donde estaba la mezquita Alhariella debía construirse una ermita a San Benito. La construcción se realizó a expensas del deán Martín Selva, el cual a su vez también intervino en la realización de otras iglesias y conventos de la ciudad. Más tarde, el 20 de marzo de 1584, siendo Obispo D. Jerónimo Manrique de Lara, Fr. Juan Gallego solicitó al Concejo permiso y ayuda para fundar un convento de Carmelitas Calzados. 


La petición fue atendida y se instalaron al abrigo de las riadas, en la actual calle Santa Teresa, entre la muralla de la ciudad y la de la Arrixaca. Esto produjo la repulsa de los agustinos alegando proximidad, llegando al extremo de desalojar a los carmelitas por la fuerza en 1585. Ante el problema planteado el Concejo decidió, el 20 de marzo de 1586, cederles la ermita de San Benito, y algún terreno circundante, para que fundaran un nuevo convento, con lo que además se aliviaba de parte de la pesada carga que suponía el mantenimiento de varias ermitas, capillas y hornacinas. 


Posteriormente, en 1589, la archicofradía pasa a tener su sede en este convento. Los carmelitas comenzaron a construir allí su convento, pero las frecuentes avenidas del río les hicieron volver intramuros de la ciudad en varias ocasiones, como a Santa Isabel en enero de 1620, cuando se toparon con la oposición de los teatinos y los franciscanos. O más tarde, a finales del siglo XVII, a la plaza de la Inquisición, según consta en los archivos de la archicofradía.


En 1604 se comienza a construir por los carmelitas un convento arquitectónicamente importante, mientras que la actual iglesia se inicio en 1721, finalizándose las obras de convento e iglesia en 1769. Las desamortizaciones de pricipios del siglo XIX, y escpecialmente la de Mendizábal (1835-1837), propiciaron su demolición en 1837.


Del antiguo convento de Carmelitas Calzados del Barrio del Carmen sólo queda la iglesia y lo que fue portería del mismo, donde se encuentra hoy la sede social de la archicofradía. 


El actual Barrio del Carmen tuvo su origen como núcleo de población en el convento, aglutinando, consolidando y transformando lentamente un asentamiento de tipo rural en urbano. En las constituciones de 1603 se dice expresamente que se encuentra en el convento de Nuestra Señora del Carmen Calzado. 


Si tenemos en cuenta que la concesión de la ermita de San Benito a la orden fue en 1586 y que en 1654 es cuando se comienza a construir el convento, podemos decir que la vinculación de la archicofradía con los carmelitas fue desde el primer momento (1589), aun antes de tener iglesia y convento de obra de fábrica.


No obstante, durante el período en que la cofradía estuvo en Santa Eulalia durante los primeros años del siglo XVIII, debieron establecerse relaciones fuertes con el convento de San Antonio, el de La Trinidad y con el de La Merced, ya que existe constancia de que se llevaban los pasos desde el Carmen a "Las Antonias" para ser adornados y sacados posteriormente en procesión el Miércoles Santo. Las religiosas del convento de San Antonio de Padua fueron nombradas camareras perpetuas de la archicofradía en el Cabildo de 1699. Y a ellas, al convento de La Merced y a la iglesia de Santa Eulalia se recurrió para depositar los pasos entonces existentes, cuando la noche de 25 de mayo de 1702, los mayordomos de La Sangre sacaron las imágenes del convento del Carmen, debido a fuertes desavenencias con los carmelitas. 


El horario de salida del cortejo procesional ha variado mucho con el transcurso del tiempo. En este sentido sabemos que cuando la procesión salía por la tarde lo hacía a las tres, hasta bien entrado el siglo XX, teniendo obligación de estar de regreso en la iglesia "antes del toque de oración", lo que venía a ser las ocho de la tarde. Esta condición figura siempre en los documentos que expedía el provisor de la Diócesis dando licencia a la salida de la archicofradía, lo que produjo la tradición de que el pendón mayor debiera estar en lo alto del Puente Viejo antes de esa hora, para dar cumplimiento a la orden. 


La procesión no contó hasta 1693 con la talla de Bussy del Santísimo Cristo de la Sangre. Desde principios del siglo XVII hasta 1673, la cofradía tenía únicamente los pasos de Nuestra Señora de la Soledad, Negación de San Pedro y El Cristo de las Penas, propiedad este último del Convento Carmelita, como lo atestiguan claramente las constituciones de 1.689 a las que hicimos alusión antes. Bussy esculpió también el paso de La Negación (quizás sustituyendo a otro anterior), El Pretorio y una Soledad, que sustituyó a la que anteriormente desfilaba, de la que ya comentamos detalles anteriormente. 


La procesión pasaba por el interior de la Catedral, haciendo estación de penitencia, y algunos años desfiló pasando por el interior del Palacio Episcopal, entrando por la actual puerta de la Glorieta y saliendo por la de Belluga, según consta en los archivos de la archicofradía. Desde el segundo tercio del siglo XVIII, el gremio de albañiles se encargó del arreglo del paso de La Negación y el de tejedores de lana, del paso del Pretorio, también llamado por algunos del Ecce Homo. Durante toda esta centuria, la cofradía vivió momentos de auge, pero los malos tiempos que comenzaron a soplar desde comienzos del siglo XIX hicieron que las cofradías en general, y en particular la de La Sangre, sufrieran serios problemas de supervivencia, llegando a tener sólo seis cofrades en 1830, de entre los que citaremos al padre Costa y D. Andrés Gabardo. 


No obstante, hacia 1832, este último, sastre de profesión, y el conde de Ba-lezote consiguieron superar la crisis que conllevó la exclaustración de los carmelitas y la venta del convento por la Ley de Desamortización, logrando además que se incorporaran los pasos de El Lavatorio, Las Hijas de Jerusalem y San Juan (tallas de Bagliet-to entre 1840 y 1846) y posteriormente El Tribunal de Herodes (obra de Sánchez Tapia y Franco en 1864). 


Juan Dorado Brisa realizó para la archicofradía en 1904 y 1905 nuevos pasos de El Lavatorio y San Juan, que sustituyeron a los anteriores. Mientras que en 1910 se ejecuta Jesús en Casa de Lázaro por parte de Francisco Sánchez Araciel. Con lo que la procesión de La Sangre contaba con nueve pasos a comienzos de la tercera década del siglo pasado. Pero al principio del segundo tercio del siglo XX, la locura colectiva que desencadenó la Guerra Civil destruyó completamente los pasos de El Lavatorio, Hijas de Jerusalem y Jesús en Casa de Lázaro, quedando muy dañadas el resto de las imágenes de la cofradía. El Cristo de la Sangre resultó decapitado y fue González Moreno quien se encargó de la restauración del tronco, brazos y piernas, mientras que de la cabeza se encargó el escultor Sánchez Lozano, al cual se debe también la actual talla de "el Berru-go" del Paso del Pretorio (1945). 


En 1940 se realizó la primera procesión tras la contienda civil, procesionan-do solamente los pasos de La Samaritana, San Juan, La Dolorosa y un Crucificado que sustituyó al Cristo de la Sangre. Al siguiente año se incorpora al cortejo La Negación, sustituyendo al Cristo de Bussy destruido el Cristo de El Rescate de la iglesia de San Juan Bautista; la imagen actual del Redentor que figura en este paso fue realizada por Gregorio Molerá Tora. Del primitivo conjunto procesional del paso sólo queda de Nicolás de Bussy el San Pedro. 


Y en 1941 desfiló por primera vez tras la guerra y su restauración el Cristo de la Sangre. Fue en 1949 cuando apareció por primera vez la revista "Miércoles Santo", editada ininterrumpidamente por la archicofradía hasta hoy, lo que la convierte en la más antigua publicación de Semana Santa de la ciudad de Murcia. 


Tras la contienda civil, la archicofradía se propuso reconstruir la procesión a su estado original encargando al escultor D. Juan González Moreno los actuales pasos de El Lavatorio y Las Hijas de Jerusalem (1952 y 1956). También desfiló en la procesión, entre los años 1953 y 1955, Nuestro Padre Jesús de las Mercedes, obra de Nicolás de Bussy, que se encuentra en la iglesia de la Merced. Con posterioridad se realizaron los pasos de Jesús en Casa de Lázaro (1985) y El Cristo de las Penas (1986), obras de José Hernández Navarro.