Reliquia que se guarda junto al Cristo de la Sangre y es ofrecida a pública veneración una vez al año, coincidiendo con el último día del quinario que la archicofradía realiza en Cuaresma.
El hecho de ser la más antigua cofradía de la ciudad de Murcia, unido a la enorme tradición y fervor religiosos que atesora entre los murcianos, y a la importancia y significación de su patrimonio, propició que el Sr. Obispo de la Diócesis, D. Ramón Sanahu-ja y Mareé, le concediera el título de archicofradía en 1953.
No se puede entender hoy la Procesión de la Sangre sin el Barrio del Carmen. "El Barrio", como castizamente lo nombran los "murcianos viejos", es al Carmen, como el Carmen es a los "coloraos", estableciéndose una relación biunívoca a tres bandas tan férreamente consolidada que resulta difícil de explicar, pero muy fácil de sentir para los carmelitanos. Tras la entrega de la ciudad de Murcia al rey de Castilla Fernando III el Santo en 1243, y la toma de posesión realizada por su hijo el infante D. Alfonso, éste realizó en varias ocasiones lo que llamaba "repartimientos", en virtud de los cuales se entregaban en propiedad tierras y predios a los nuevos pobladores castellanos, aragoneses y catalanes. Según estos repartimientos, había un terreno franco "extramuros de la ciudad" y "allende del río", entre los parajes de Rabad-alchadid y Al-hirilla (Alharilla o Alhariella), junto a cuya acequia había una mezquita del mismo nombre.
A mediados del siglo XIII, todo lo que hoy es Barrio del Carmen no era más que tierras de labor, con muy escasas viviendas y expuestas a las avenidas del río Segura. Este terreno franco dio lugar, a mediados del siglo XV, a un pleito por su propiedad entre el Obispo Comontes y el Concejo de Murcia. Por fin, el Sr. Obispo cedió la propiedad a la ciudad (1 de agosto de 1451), con la condición de que donde estaba la mezquita Alhariella debía construirse una ermita a San Benito. La construcción se realizó a expensas del deán Martín Selva, el cual a su vez también intervino en la realización de otras iglesias y conventos de la ciudad. Más tarde, el 20 de marzo de 1584, siendo Obispo D. Jerónimo Manrique de Lara, Fr. Juan Gallego solicitó al Concejo permiso y ayuda para fundar un convento de Carmelitas Calzados.
La petición fue atendida y se instalaron al abrigo de las riadas, en la actual calle Santa Teresa, entre la muralla de la ciudad y la de la Arrixaca. Esto produjo la repulsa de los agustinos alegando proximidad, llegando al extremo de desalojar a los carmelitas por la fuerza en 1585. Ante el problema planteado el Concejo decidió, el 20 de marzo de 1586, cederles la ermita de San Benito, y algún terreno circundante, para que fundaran un nuevo convento, con lo que además se aliviaba de parte de la pesada carga que suponía el mantenimiento de varias ermitas, capillas y hornacinas.
Posteriormente, en 1589, la archicofradía pasa a tener su sede en este convento. Los carmelitas comenzaron a construir allí su convento, pero las frecuentes avenidas del río les hicieron volver intramuros de la ciudad en varias ocasiones, como a Santa Isabel en enero de 1620, cuando se toparon con la oposición de los teatinos y los franciscanos. O más tarde, a finales del siglo XVII, a la plaza de la Inquisición, según consta en los archivos de la archicofradía.
En 1604 se comienza a construir por los carmelitas un convento arquitectónicamente importante, mientras que la actual iglesia se inicio en 1721, finalizándose las obras de convento e iglesia en 1769. Las desamortizaciones de pricipios del siglo XIX, y escpecialmente la de Mendizábal (1835-1837), propiciaron su demolición en 1837.
Del antiguo convento de Carmelitas Calzados del Barrio del Carmen sólo queda la iglesia y lo que fue portería del mismo, donde se encuentra hoy la sede social de la archicofradía.
El actual Barrio del Carmen tuvo su origen como núcleo de población en el convento, aglutinando, consolidando y transformando lentamente un asentamiento de tipo rural en urbano. En las constituciones de 1603 se dice expresamente que se encuentra en el convento de Nuestra Señora del Carmen Calzado.
Si tenemos en cuenta que la concesión de la ermita de San Benito a la orden fue en 1586 y que en 1654 es cuando se comienza a construir el convento, podemos decir que la vinculación de la archicofradía con los carmelitas fue desde el primer momento (1589), aun antes de tener iglesia y convento de obra de fábrica.
No obstante, durante el período en que la cofradía estuvo en Santa Eulalia durante los primeros años del siglo XVIII, debieron establecerse relaciones fuertes con el convento de San Antonio, el de La Trinidad y con el de La Merced, ya que existe constancia de que se llevaban los pasos desde el Carmen a "Las Antonias" para ser adornados y sacados posteriormente en procesión el Miércoles Santo. Las religiosas del convento de San Antonio de Padua fueron nombradas camareras perpetuas de la archicofradía en el Cabildo de 1699. Y a ellas, al convento de La Merced y a la iglesia de Santa Eulalia se recurrió para depositar los pasos entonces existentes, cuando la noche de 25 de mayo de 1702, los mayordomos de La Sangre sacaron las imágenes del convento del Carmen, debido a fuertes desavenencias con los carmelitas.
El horario de salida del cortejo procesional ha variado mucho con el transcurso del tiempo. En este sentido sabemos que cuando la procesión salía por la tarde lo hacía a las tres, hasta bien entrado el siglo XX, teniendo obligación de estar de regreso en la iglesia "antes del toque de oración", lo que venía a ser las ocho de la tarde. Esta condición figura siempre en los documentos que expedía el provisor de la Diócesis dando licencia a la salida de la archicofradía, lo que produjo la tradición de que el pendón mayor debiera estar en lo alto del Puente Viejo antes de esa hora, para dar cumplimiento a la orden.
La procesión no contó hasta 1693 con la talla de Bussy del Santísimo Cristo de la Sangre. Desde principios del siglo XVII hasta 1673, la cofradía tenía únicamente los pasos de Nuestra Señora de la Soledad, Negación de San Pedro y El Cristo de las Penas, propiedad este último del Convento Carmelita, como lo atestiguan claramente las constituciones de 1.689 a las que hicimos alusión antes. Bussy esculpió también el paso de La Negación (quizás sustituyendo a otro anterior), El Pretorio y una Soledad, que sustituyó a la que anteriormente desfilaba, de la que ya comentamos detalles anteriormente.
La procesión pasaba por el interior de la Catedral, haciendo estación de penitencia, y algunos años desfiló pasando por el interior del Palacio Episcopal, entrando por la actual puerta de la Glorieta y saliendo por la de Belluga, según consta en los archivos de la archicofradía. Desde el segundo tercio del siglo XVIII, el gremio de albañiles se encargó del arreglo del paso de La Negación y el de tejedores de lana, del paso del Pretorio, también llamado por algunos del Ecce Homo. Durante toda esta centuria, la cofradía vivió momentos de auge, pero los malos tiempos que comenzaron a soplar desde comienzos del siglo XIX hicieron que las cofradías en general, y en particular la de La Sangre, sufrieran serios problemas de supervivencia, llegando a tener sólo seis cofrades en 1830, de entre los que citaremos al padre Costa y D. Andrés Gabardo.
No obstante, hacia 1832, este último, sastre de profesión, y el conde de Ba-lezote consiguieron superar la crisis que conllevó la exclaustración de los carmelitas y la venta del convento por la Ley de Desamortización, logrando además que se incorporaran los pasos de El Lavatorio, Las Hijas de Jerusalem y San Juan (tallas de Bagliet-to entre 1840 y 1846) y posteriormente El Tribunal de Herodes (obra de Sánchez Tapia y Franco en 1864).
Juan Dorado Brisa realizó para la archicofradía en 1904 y 1905 nuevos pasos de El Lavatorio y San Juan, que sustituyeron a los anteriores. Mientras que en 1910 se ejecuta Jesús en Casa de Lázaro por parte de Francisco Sánchez Araciel. Con lo que la procesión de La Sangre contaba con nueve pasos a comienzos de la tercera década del siglo pasado. Pero al principio del segundo tercio del siglo XX, la locura colectiva que desencadenó la Guerra Civil destruyó completamente los pasos de El Lavatorio, Hijas de Jerusalem y Jesús en Casa de Lázaro, quedando muy dañadas el resto de las imágenes de la cofradía. El Cristo de la Sangre resultó decapitado y fue González Moreno quien se encargó de la restauración del tronco, brazos y piernas, mientras que de la cabeza se encargó el escultor Sánchez Lozano, al cual se debe también la actual talla de "el Berru-go" del Paso del Pretorio (1945).
En 1940 se realizó la primera procesión tras la contienda civil, procesionan-do solamente los pasos de La Samaritana, San Juan, La Dolorosa y un Crucificado que sustituyó al Cristo de la Sangre. Al siguiente año se incorpora al cortejo La Negación, sustituyendo al Cristo de Bussy destruido el Cristo de El Rescate de la iglesia de San Juan Bautista; la imagen actual del Redentor que figura en este paso fue realizada por Gregorio Molerá Tora. Del primitivo conjunto procesional del paso sólo queda de Nicolás de Bussy el San Pedro.
Y en 1941 desfiló por primera vez tras la guerra y su restauración el Cristo de la Sangre. Fue en 1949 cuando apareció por primera vez la revista "Miércoles Santo", editada ininterrumpidamente por la archicofradía hasta hoy, lo que la convierte en la más antigua publicación de Semana Santa de la ciudad de Murcia.
Tras la contienda civil, la archicofradía se propuso reconstruir la procesión a su estado original encargando al escultor D. Juan González Moreno los actuales pasos de El Lavatorio y Las Hijas de Jerusalem (1952 y 1956). También desfiló en la procesión, entre los años 1953 y 1955, Nuestro Padre Jesús de las Mercedes, obra de Nicolás de Bussy, que se encuentra en la iglesia de la Merced. Con posterioridad se realizaron los pasos de Jesús en Casa de Lázaro (1985) y El Cristo de las Penas (1986), obras de José Hernández Navarro.